Migrar a Wi-Fi 7 (802.11be) no es una operación a corazón abierto, ni requiere un máster en magia arcana; es una evolución tecnológica natural.
No obstante, sí que debería plantearnos algunas cuestiones previas. Podemos decir, hablando desde la generalidad, que si se parte de redes Wi-Fi 6, la transición a Wi-Fi 7 es más una cuestión de física y energía, al tiempo que de dispositivos que van a conectarse, que una transformación digital revolucionaria.
En este artículo analizamos con brevedad qué cambia y dónde se debe poner el foco para no desperdiciar presupuesto.
MLO y la consolidación de los 6 GHz
Mientras que Wi-Fi 6E abrió la puerta a la banda de 6 GHz, Wi-Fi 7 es quien realmente puede aprovecharlo. El cambio, a nuestro entender, no son los 46 Gbps teóricos (que difícilmente verás en un entorno real), sino la Operación Multi-Enlace (MLO).
Hasta ahora, un cliente cambiaba de banda (2.4, 5 o 6 GHz) según decidía. Con MLO, el cliente y el AP pueden transmitir datos por varias bandas simultáneamente o alternar entre ellas, proporcionando rendimiento, baja latencia y una resiliencia superior en entornos saturados.
La clave no es el AP, son los switches (y los cables)
Este es posiblemente el punto donde surjan las mayores posibilidades de problemas si no hay buen asesoramiento y caemos en los cantos de sirena del marketing.
Lo diremos de una forma muy directa. Comprar APs Wi-Fi 7 y conectarlos a una infraestructura de hace cinco años es, sencillamente, malgastar dinero.
Wi-Fi 7 es la primera generación que fácilmente puede saturar enlaces de 1 Gbps. Por ello, una migración a esta tecnología debe centrarse en la infraestructura de comunicaciones que la soportará. Los nuevos APs requieren puertos de 2.5, 5 o 10 Gbps. En consecuencia, utilizar switches de acceso gigabit estándar para desplegar Wi-Fi 7 debería ser algo totalmente descartado.
Además, los APs Wi-Fi 7 son especialmente exigentes en consumo. Muchos modelos requieren el estándar 802.3bt (PoE++) para operar al 100%. Con 802.3at (PoE+), el AP degradará su rendimiento (apagando radios, reduciendo MIMO o limitando funcionalidades). Tampoco basta con que el puerto sea compatible con PoE++; el switch debe tener potencia total suficiente para alimentar los dispositivos conectados a él.
Y no menos importante que los switches, es el cableado. El cableado 5e podría negociar a 2.5 Gbps según distancia, pero es no lo recomendado. Esta tecnología demanda categoría 6a para disponer enlaces 10 Gbps y soportar la disipación térmica del PoE de alta potencia.
En Wi-Fi 7 respetamos las leyes de la física
A pesar de las promesas de marketing, las leyes de la física siguen vigentes y, por ello, la banda de 6 GHz tiene menos penetración que la de 5 GHz.
No obstante, si se parte de un diseño bien ejecutado en 5 GHz (alta densidad, celdas pequeñas), se podrán reemplazar APs“uno a uno” sin grandes sorpresas. En cambio, si existe un diseño antiguo, basado en 2.4 GHz, siguiendo la idea de “cubrir mucho con poco”, es muy probable que aparezcan zonas de sombra en 6 GHz.
A nuestro criterio, en entornos de cierto tamaño, lo recomendado realizar un diseño predictivo considerando materiales, geometría del espacio y la atenuación propia de la banda de 6 GHz, para conseguir una distribución correcta y evitar sorpresas post-implantación.
WPA3 ya no es opcional
Wi-Fi 7 en la banda de 6 GHz exige WPA3. Y esto trae una potencial dificultad, de cara a exprimir el potencial de la tecnología, en la convivencia con el parque de dispositivos pre-existente. Lo recomendable es configurar SSIDs legacy en 2.4/5 GHz con WPA2 para equipos antiguos, y SSIDs exclusivos Wi-Fi 6E/7 con WPA3 para los dispositivos modernos.
Adicionalmente, y no menos importante, si partimos de un parque de dispositivos anclado en terminales con Android 5/6/7, de hace diez años, nuestro consejo es que el primer paso sea renovar dichos dispositivos para poder aprovechar realmente las mejoras que proporcione la transición de la tecnología.
¿Cuándo migrar?
Migrar a Wi-Fi 7 es una decisión que debe tomarse con criterio y no por moda.
Puede ser una buena idea si, y esto es fundamental, teniendo exigencia real de rendimiento inalámbrico sobresaliente, se requiere de renovación natural de los actuales switches y APs (nuestra recomendación es abordar todo el ecosistema de forma conjunta). También es razonable en entornos de altísima densidad donde MLO puede marcar una diferencia tangible.
En cambio, si se ha despelgado Wi-Fi 6 recientemente y los uplinks siguen siendo de 1 Gbps; al tiempo que el rendimiento inalámbrico es satisfactorio; el ROI del reemplazo difícilmente justificará la mejora marginal en la experiencia del usuario ofimático promedio.
Conclusión
Implementar Wi-Fi 7 no es complejo, pero es exigente en recursos. La complejidad lógica es la misma que en Wi-Fi 6. La diferencia es que ahora, por primera vez, la red inalámbrica puede ser más rápida que la cableada tradicional.
Si se parte de un presupuesto para adecuar también la capa física, la implementación será poco traumática. En cambio, si se intenta acoplar lo nuevo en lo viejo, corremos el riesgo de comprar APs caros que funcionen como los de hace tres años. En definitiva, Wi-Fi 7 es un estándar robusto que merece la pena, siempre y cuando entendamos que su rendimiento empieza en el cable y termina en el diseño, y no al revés. Y, por supuesto, partiendo de la existencia de una necesidad real de mejora cuya implantación aborde.